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La apuesta [1/2] (Resident Evil)

Título: La apuesta (1/2)
Fandom: Resident Evil
Personajes: Chris/Jill
Palabras: 1.369.
Advertencias: spoilers de todo Resident Evil 5. Fluff, probablemente.
Resumen: Chris Redfield siempre se ha enorgullecido de ser uno de los mejores tiradores de la BSAA, lo suficiente para apostar sobre ello.
Comentarios: Vengo con esto por todo el morro, porque está escrito para una petición de teniente_ross por la celebración de los 15 años de Resident Evil, que me hizo hace como CUATRO AÑOS (SHAME ON ME). Ella quería un Chris/Jill donde pasen tiempo juntos, o salgan a cenar y sean adorables; y al final la cosa se me ha alargado a un twoshot. ¡Espero que te guste, guapa!♥ Situado pre/post RE5. (Segundo capítulo SOON :D)


I. Tiempo compartido

“And it's you and me and all of the people
and I don't know why I can't keep my eyes off of you”
(You and Me, Lifehouse)


¡BANG!

El disparo sonó amplificado en la soledad del campo de tiro. Chris bajó el arma lentamente, con un diminuto gesto de fastidio colándose entre sus labios, sin apartar la vista del lugar donde, a escasos centímetros del objetivo móvil, se había estrellado la bala. Había errado por muy poco, pero, inexplicablemente, era ya el segundo fallo del día. Aquello no solía pasarle, y Chris se encontró preguntándose si no estaría perdiendo facultades con el paso de los años.

Para no faltar a la verdad, la cuestión no le estaba molestando tanto como habría cabido suponer. Era una de aquellas mañanas repletas de sol y de agradable calma, y, quizá, aquello compensaba con creces su falta de destreza. O quizá era más bien por la compañía. Sea como fuere, estaba siendo una jornada inmejorable, de aquellas cuyo recuerdo era reconfortante evocar cuando uno estaba en medio de una misión repleto de barro, suciedad y con el cansancio haciéndose patente en todos los músculos del cuerpo. Chris estaba seguro de que iba a ser un recuerdo al que aferrarse en el futuro, aunque no era consciente de hasta qué punto.

La imagen central de la escena era, por supuesto, ella, todo sonrisas y miradas cálidas. Los brillantes rayos de sol que bañaban la galería de tiro arrancaban destellos color castaño claro del fino pelo de Jill mientras ella, a su lado, apuntaba hacia el otro lado del campo con serena concentración. Cuando la bala impactó en el centro de su objetivo de forma magistral, Jill se volvió hacia él, quitándose las orejeras y mirándole con la satisfacción y la sonrisa reflejándosele en los ojos. Chris la recordaría así infinidad de veces.

—Tengo la sensación de que hoy puede ser mi día de suerte —comentó ella, señalando distraídamente la ajustada diferencia del marcador—. No sé por qué.

—No es por chulearme, pero te recuerdo que soy bastante bueno en esto —soltó Chris, cruzándose de brazos y con una sonrisa de suficiencia—. Tengo varios trofeos que lo demuestran.

—Cierto. Lamento decir que tendrás que defender ese primer puesto, señor Redfield.

—Tú tendrás que ser bastante buena para arrebatármelo, señorita Valentine —aseguró él.

Jill dejó escapar una carcajada: —Creo que eso puedo hacerlo sin problemas.

—Te veo muy confiada en tus posibilidades.

—Por supuesto. ¿Nos apostamos algo? ¿Una cena, tal vez? —Al ver que Chris apartaba la mirada momentáneamente, decidió presionar un poco más—. ¿Qué pasa? ¿Es que no te atreves, señor tirador experto?

—De acuerdo, me parece bien —repuso Chris al momento, con la seguridad que le otorgaba su intachable historial—. No quería aprovecharme de ti y estaba dándote tiempo para echarte atrás, pero tú lo has querido.

—Muy bien. —Jill dibujó una sonrisa en los labios, y le tendió la mano con aire fingidamente formal. Él se la estrechó, y el contacto con la suave piel le provocó un diminuto cosquilleo en algún lugar del estómago—. Ahora ya es oficial, así que nada de hacer concesiones. ¡Dispara!

Chris levantó el arma una vez más, con los ojos puestos en la diana y la respiración haciéndosele pesada en el pecho. Jill le miraba fijamente, con la carcajada plantada en los labios y la ligera brisa agitando su pelo. Toda ella sonrisas y ojos azules. Chris se dio cuenta que no podía (ni quería) apartar la vista de ella.

¿Cuándo había pasado esto?

—¡Vamos, Chris!

—Me estás poniendo nervioso con tanta prisa.

—Mira que eres lento, ¿cuánto tiempo necesitas para apuntar? Si esto fuera una situación de peligro real, ya estaríamos muertos —se burló ella. Se colocó las orejeras otra vez, volvió a alzar el arma y apuntó hacia su propio objetivo—. Espero que nunca tengas que volver a salvarme el culo.

Jill disparó un nuevo proyectil, que impactó en su objetivo con un sonoro golpe metálico. Chris intentó quitársela de la cabeza, respirando profundamente y concentrándose en el blanco móvil.

Entonces apretó el gatillo.

II. La verdad no hace ruido

Al día siguiente, el cuartel general de la división Norteamericana de la BSAA empezó la jornada laboral con un ambiente distendido muy similar al de la anterior. Chris Redfield había llegado a primera hora de la mañana; algunos minutos tarde, como era su costumbre, pero siendo tan temprano hubiera sido difícil culparle. Aún estaba en proceso de poner un poco de orden en todo el papeleo de su escritorio cuando su compañera apareció por la puerta del cuartel.

Aquella mañana Jill estaba recuperando horas extras realizadas, por lo que se había permitido llegar alrededor de una hora más tarde. En realidad, llevaba haciéndolo toda la semana, pero es que las horas extras también habían sido bastante abundantes en los últimos días. Chris había observado que a Jill le sentaba muy bien dormir aquellos minutos extra, puesto que llevaba toda la semana apareciendo por la puerta con muy buena cara y con una sonrisa preciosa.

Cuando apareció aquella mañana por el cuartel general, con dos tazas de café para llevar en las manos, aquellos ojos risueños se posaron directamente en él.

—Buenos días —susurró Jill, cálidamente—. Estaba bastante segura que habrías llegado tarde y no te habría dado tiempo de pasarte a buscar café. No me lo agradecerás lo suficiente.

—Cómo me conoces —repuso él, con una sonrisa que le salió sola. Aceptó el vaso de plástico, y Jill se marchó canturreando en dirección a su mesa.

—Veo que estamos de buen humor hoy —comentó Chris.

—Por supuesto. No todos los días se gana al gran maestro en una competición de tiro —se burló ella. Su coleta castaña se movió de un lado a otro cuando se dejó caer suavemente en la silla de su escritorio y encendió el ordenador.

Chris puso los ojos en blanco y dejó escapar un suspiro de fastidio. No habían pasado ni diez minutos, y los eventos del día anterior ya habían vuelto a alcanzarle.

—Ya te lo he dicho. Me estaba dando el sol directamente —refunfuñó él.

—Eso es lo que dices tú, pero yo pude disparar sin ningún problema.

Jill estaba de muy buen humor y, por mucho enfado que fingiera, Chris disfrutaba viéndola sonreír. No podía haber nada comparable con el placer que sentía con aquellas pequeñas bromas día tras día, con tantas cosas compartidas y tantas jornadas de trabajo amenizadas con su compañía. Chris no podría haber imaginado nadie con quien hubiera preferido estar.

Sin saber exactamente por qué, Chris se encontró preguntándose si la vida no podría ser siempre así.

—Algo me dice que vas a intentar que olvide todo esto, pero no vas a poder —soltó ella, risueña—. Espero que al menos hayas reservado ya lugar para la cena. No intentes disimular.

—Eso está hecho —repuso Chris—. Ya que lo mencionas, he hecho esta mañana reserva en un restaurante del centro. ¿Te parece bien saldar nuestra deuda el sábado?

—Claro —dijo Jill—. Así me gusta. Que no creas que vas a poder escaquearte.

—Ni siquiera lo intentaría —aseguró Chris, y lo decía de verdad.

Jill le dedicó una última mirada, una de aquellas tan intensas y bonitas que a Chris le arrancaban la respiración, y se volvió hacia el papeleo de su escritorio, empezando a guardar mentalmente información acerca de su próxima misión. Seguramente la apuesta y el tema hubieran dado mucho más de sí, y Jill hubiera pasado lo que quedaba de la semana recordándoselo cada cierto tiempo, y toda la noche de la cena picándole sutilmente, con la inevitable sonrisa divertida colándose entre sus labios. Chris no se lo hubiera tomado mal, incluso le hubiera seguido el juego, y quizá después la hubiera invitado a una copa que a saber a dónde podía llevarles.

Pero no llegaron a ir.

Aquel fin de semana, el maître del restaurante más famoso de la ciudad se vio obligado a dejar una de sus valiosas mesas vacía. Pocos días antes, el cuerpo de Jill se perdía entre una lluvia de cristales mientras Chris gritaba su nombre con toda la fuerza de sus pulmones.


CAPÍTULO 2

Tags: character: re: chris redfield, character: re: jill valentine, fandom: resident evil, length: fic, pairing: chris/jill, request
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